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Conejo

Morfología e identificación

Mamífero de tamaño medio, de color gris con tonos más o menos intensos de pardo; la parte posterior del cuello es marrón, y el vientre, blanco. La cola es corta, con la parte inferior de color blanco luminoso y la superior gris (no negra, como en las liebres). Las orejas son largas -pero menos que en las liebres- y uniformemente coloreadas, sin la mancha negra distal que presentan las liebres. Los ojos son grandes, redondos y negros. Las patas traseras, adaptadas para la carrera, están mucho más desarrolladas que las delanteras, aunque menos que en las liebres. Su longitud oscila entre 74 y 77 cm. Plantas de las extremidades cubiertas de pelos fuertes y elásticos, dirigidos hacia delante, que amortiguan las pisadas.

Las dimensiones son muy variables dependiendo del área geográfica. En general, cuanto más al sur se encuentran, más pequeños son los individuos de la especie. La cabeza y el cuerpo miden 34-45 cm; la cola, 4-6 cm; la oreja, 6,5-7 cm; el pie posterior, 7-8,5 cm. Los adultos españoles pesan 900-1500 g, pero en latitudes superiores -por ejemplo en Gran Bretaña- pueden superar los 2000 g. El cráneo es alargado. Los arcos cigomáticos, bastante planos, discurren casi paralelos al resto del cráneo. La caja craneana es pequeña, lo mismo que las bullas timpánicas. El cráneo del conejo se distingue del de las liebres por tener los palatales más largos y las coanas posteriores más estrechas. La sutura interparietal permanece durante toda la vida. Los incisivos están bien desarrollados y son de crecimiento continuo. Los premolares y molares están adaptados para realizar movimientos de trituración tanto longitudinales como transversales. La fórmula dentaria es 2.0.3.3/1.0.2.3.

Rastros:

Los conejos dejan señales muy llamativas e inconfundibles. Las bocas de las madrigueras subterráneas -también llamadas vivares o bardos- son a veces muy evidentes y en otras ocasiones están escondidas entre la vegetación, de donde salen carriles que unen las distintas bocas entre sí y con los cagarruteros. Hace también conspicuas escarbaduras -agujeros superficiales de 3 a 10 cm de profundidad y de 5 a 15 cm de largo-, a menudo con varios excrementos en las proximidades. Éstos son esféricos y oscuros, del tamaño de un guisante grande (7-12 mm de diámetro); aparecen por doquier, pero se acumulan en letrinas o cagarruteros situados en lugares muy visibles.

Las huellas son los indicios menos evidentes de los conejos. Forman una "Y" y siempre marcan las uñas. Las delanteras tienen 5 dedos (suelen marcar sólo 4) y miden 3,5 x 2 cm; las traseras presentan 4 dedos y raramente marcan todo el pie.

Alimentación

La base de su dieta está constituida por plantas herbáceas. En Doñana, el principal alimento son las gramíneas silvestres, que constituyen más del 65% de la dieta, seguidas de las compuestas, con el 16%. Consumen numerosas especies que varían estacionalmente, por ejemplo, seleccionando las más ricas en proteínas sobre todo en la época de reproducción y las más suculentas durante la lactancia. Cuando las herbáceas escasean, consumen vegetación leñosa o semileñosa, con tallos tiernos de árboles y arbustos, y algunos frutos o semillas maduras de plantas arbustivas. También frecuentan cultivos de hortalizas y cereales. La "cecotrofia" es un fenómeno característico del conejo silvestre y consiste en ingerir los excrementos procedentes de la primera digestión de los alimentos. El conejo produce dos clases de excrementos. Los primeros, blanquecinos y de aspecto gelatinoso, son determinados "blandos" o "cecótrofos"; ricos en proteínas y bacterias, son ingeridos inmediatamente después de ser expulsados. Una vez digeridos, serán de nuevo expulsados, esta vez en forma de excrementos "duros", los que normalmente se observan en el campo. El fenómeno proporciona una doble digestión del alimento y permite un aprovechamiento más eficaz de los nutrientes de la hierba. Si se les impide practicar la coprofagia, los conejos mueren antes de tres semanas. Cada individuo consume diariamente 200 y 500 g de materia vegetal verde. El impacto sobre la vegetación puede ser muy importante; en Inglaterra, tras el descenso en la población de conejos ocasionado por la mixomatosis, extensas áreas de praderas se transformaron en zonas de matorral.

Comportamiento

Los conejos suelen vivir en grupos estables que comparten una o varias madrigueras y utilizan un territorio común. En la Reserva Biológica de Doñana (Huelva), los tamaños medios de las áreas de campo obtenidos mediante radioseguimiento son de 2,3 a 2,6 hectáreas, aunque pueden oscilar entre 0,2 y 7,1 ha, dependiendo de la calidad del hábitat y de la distancia de la madriguera a los centros de alimentación. Los machos tienen áreas de campeo ligeramente mayores que las hembras. La dependencia de la madriguera limita sus desplazamientos y los convierte en animales sedentarios. En Doñana, los desplazamientos medios diarios son de unos 50 m en los machos y de algo menos de 40 m en las hembras. Los jóvenes se mueven menos que los adultos y apenas se alejan unos metros de las bocas del bardo. La magnitud de los desplazamientos varía estacionalmente. En invierno y en verano los movimientos diarios son mayores (60-70 m) que durante la primavera, cuando los adultos no recorren más de 20-30 m cada día, y cuando -en especial las hembras- están mucho más ligados a las madrigueras. Durante el resto del año, el uso de los vivares es bastante escaso, sobre todo donde la cobertura puede actuar como refugio.

Los conejos utilizan el espacio de manera que puedan obtener la mayor cantidad y calidad de alimento evitando al tiempo a los predadores. En Doñana, durante las horas de luz, prefieren medios de matorral con densa cobertura y eluden los espacios abiertos, donde serían capturados con facilidad por las rapaces diurnas (águilas imperiales, milanos, etc.). Durante la noche, por el contrario, seleccionan los espacios abiertos y evitan el matorral, utilizado por linces y zorros para esconderse.

En el laboratorio, el ritmo endógeno circadiano consta de seis períodos de descanso y otros seis de actividad. En libertad está también activos tanto de día como de noche, pero es en los crepúsculos cuando están más activos y realizan los mayores desplazamientos. En Doñana, al atardecer abandonan los refugios y se aventuran en los espacios abiertos, donde suele haber más alimento. Al amanecer, o algo antes, regresan a las zonas de cobertura, donde permanecen durante el día y donde alternan los períodos de reposo con los de actividad. Aunque esta pauta suele ser bastante general, sufre variaciones a lo largo del año. Por ejemplo, en verano, los períodos de reposo diurno son más prolongados, y la actividad cesa completamente durante las horas de más calor. Aunque la lluvia no inhibe su actividad, sí lo hacen el viento y las temperaturas muy elevadas. Los jóvenes muestran patrones de actividad diferentes a los adultos. Durante el día están mucho más activos -entran y salen del refugio constantemente, realizan cortas carreras o juegan-, mientras que por la noche la actividad juvenil cesa casi por completo.

Los conejos suelen vivir en grupos que comparten una o varias madrigueras y que defienden un territorio común. El número de individuos y la estructura de los grupos varía a lo largo del año. Al comienzo de la época reproductora, oscila entre dos y veinte individuos. En los grupos existe una jerarquía social muy estricta. El macho dominante es el único que tiene acceso a las hembras y engendra a la práctica totalidad de los jóvenes de ese grupo. Entre las hembras también hay ejemplares dominantes y subordinados; la dominancia se refleja sobre todo en el acceso a los mejores lugares de cría, lo que con frecuencia origina violentos combates que pueden finalizar con la muerte de alguna de las contendientes. El territorio del grupo es defendido por el macho dominante, pero todos los integrantes participan en la demarcación que realizan por medio de los cagarruteros, marcas olfativas producidas por las glándulas bucales o por escarbaduras (en el caso del macho dominante). Entre machos pertenecientes a grupos con territorios colindantes se producen también combates y carreras de exhibición.

La densidad de población del conejo silvestre presenta importantes variaciones a lo largo de la primavera, durante los meses de mayo y junio, cuando la mayoría de los jóvenes se han incorporado a la población. La densidad desciende de forma brusca con la irrupción de la mixomatosis en el verano, que puede producir mortandades de hasta el 40 o el 50%, aunque la tasa de mortalidad aumenta con la densidad, es mayor en años de calor y lluvia abundante. Estas condiciones favorecen las pulgas, mosquitos y garrapatas que constituyen los vectores de la enfermedad. A finales de verano se observan niveles poblacionales más bajos. En otoño, la población comienza a incrementarse por la incorporación de los primeros jóvenes. Hasta 1989, las poblaciones ibéricas de conejos incrementaban progresivamente su densidad desde el otoño hasta comienzos de verano. Desde 1989, la abundancia de conejos sufre en muchos lugares un descenso muy importante provocado por la enfermedad hemorrágica vírica (EHV), que causa mortandades de aproximadamente el 60%. En el Parque Nacional de Doñana, la enfermedad irrumpe en marzo, aunque esta fecha varía entre poblaciones, parece afectar a unas zonas concretas pero no a otras, a veces próximas, sin que hasta el momento se conozcan las causas y su forma de actuación. La EHV, que comenzó en los conejos domésticos, en la actualidad debe considerarse enzoótica en el campo. Después del descenso poblacional causado por la EHV se observa otro aumento débil originado por la intensificación del esfuerzo reproductivo de los supervivientes.

Las densidades de conejos en España, por lo tanto, han sufrido dos descensos importantísimos. Uno en la década de los cincuenta, causado por la mixomatosis, que produjo una reducción del número de ejemplares calculada en el 80-90 % en los primeros años. Progresivamente, conejos y virus fueron adaptándose, y las tasas de mortalidad decrecieron. El segundo impacto lo produjo la EHV, que disminuyó los efectivos en un 60%, de forma que las densidades actuales son escasamente un 10% de lo que eran antes de la llegada de ambas enfermedades. En 1988, la densidad de conejos en Doñana se calculó en 20-25 individuos po ha, pero en 1995 lo valores no sobrepasaban de los 6-7 individuos en los mismos lugares. Sin embargo, la densidad muestra una estrecha dependencia de los factores meteorológicos, que a su vez, controlan la disponibilidad de alimento y, de forma indirecta, el éxito reproductivo. La alta mortandad, sobre todo la causada por enfermedades, predación y caza, es el factor determinante de los descensos poblacionales. La emigración o la dispersión pueden considerarse despreciables. La predación produce bajas muy importantes, sobre todo en la edad juvenil.

La supervivencia anual de los jóvenes no supera el 25%, proporción muy baja en relación con la de los gazapos, que es de aproximadamente el 50%, y con la de los adultos, que supera el 80%. En Doñana, la predación es más fuerte en invierno, cuando la densidad de población es menor. Los gazapos son predados sobre todo por tejones y zorros; los jóvenes, por rapaces, zorros y meloncillos, y los adultos, por meloncillos, linces y grandes rapaces. En España, más de veinte especies de predadores consumen conejos en mayor o menor proporción, lo que convierte a la especie en la presa clave en las comunidades de vertebrados ibéricos y en el principal eslabón de la cadena alimentaria en estas comunidades. La caza también produce un fuerte impacto sobre la población de conejos y puede causar mortandades superiores al 50%.

Reproducción

Aunque pueden aparecer individuos con síntomas de actividad sexual durante todo el año, el período reproductor es estacional, y el inicio y el final del mismo varían con la latitud y las condiciones climáticas. La duración del fotoperíodo, el comienzo de las lluvias y la disponibilidad de hierba parecen ser los factores de mayor incidencia sobre el inicio y la duración del período reproductor. En Doñana y Sierra Morena, la reproducción dura de octubre a junio, con un máximo entre febrero y abril. En este período todos los machos presentan los testículos de gran talla y en posición escrotal, y casi todas las hembras se encuentran grávidas o amamantando.

La gestación dura unos treinta días, y la hembra puede entrar en celo inmediatamente después del parto. El número medio de gazapos por camada es de 3,54 en Doñana, 3,2 en Sierra Morena y 4,11 en Navarra. La producción de jóvenes varía en relación directa con la edad de la madre y con el transcurso del período reproductor. Cada hembra se reproduce de tres a cinco veces a lo largo de un ciclo anual. Las crías -llamadas gazapos- nacen desnudas y ciegas, con unos 30-40 g de peso. Alas tres semanas salen del nido con un aspecto similar al de los adultos y un peso de unos 150-200 g. A los tres meses de edad ya son capaces de reproducirse.

Las hembras crían en cámaras especiales construidas por ellas mismas y que recubren con briznas de hierba y pelo de su vientre. Estas cámaras pueden ubicarse en el interior de las madrigueras o bien estar separadas de las mismas, en este caso se las denomina "gazaperas ". Las gazaperas constan de una entrada y de un túnel de unos 30-50 cm de longitud, al final del cual se sitúa el nido. La hembra tapa la boca de la entrada cada vez que abandona la gazapera. Una vez nacidos los jóvenes, la madre los visita una o dos veces diarias para amamantarlos.

En condiciones adversas, la productividad de la población desciende y se produce un número bastante alto de reabsorciones intrauterinas, que pueden afectar a uno o a todos los embriones y al 60% de las hembras gestantes. Parece que el tipo de de suelo influye en la productividad, sobre todo en cuanto a la extensión del período reproductivo y en la proporción de hembras que crían. Existe una alta tasa de dispersión de jóvenes durante sus primeros cinco meses de vida. Éstos ocupan territorios ya ocupados, territorios vacíos o bien permanecen como ejemplares "satélite" no territoriales. Los machos se dispersan en mayor proporción que las hembras. No existe conducta agresiva de los adultos a los jóvenes, que abandonan el nido por voluntad propia y se establecen en lugares donde no encuentran parientes cercanos.

Fuente de las fotos: Manuel Núñez Guerra y Wikipedia
Mapa de distribución: http://maps.iucnredlist.org/map.html?id=41291
Redacción: Elsa Gara Maqueda
Revisión: Ismael Ferreira Palomo

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