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Lirón careto

Morfología e identificación

Roedor de tamaño mediano que debe su nombre a una franja de pelo negro que, a modo de antifaz o careta, le enmarca los ojos y le cubre parte de la cara. En estado juvenil, presenta color gris muy neto en la zona dorsal y blanco sucio en la zona ventral. Esta coloración es muy fácilmente distinguible de la de los adultos, que presentan en el dorso un color pardo-rojizo que contrasta con el blanco del vientre. La cola es larga, completamente cubierta de pelo y con un llamativo pincel de pelo largo blanco y negro en su extremo. Tiene el hocico alargado y las orejas grandes. Las medidas corporales y el peso presentan grandes variaciones en España dependiendo de las diferentes subespecies. La cabeza más el cuerpo miden 118-136 mm; la cola, 98,5-113 mm, y el pie posterior, 26,5-28,5 mm. El peso varía geográficamente entre los 45 gramos de media de los lirones gallegos a los casi 120 gramos de los de Formentera; también se producen importantes variaciones estacionales debido al carácter hibernante de la especie.

El cráneo es de aspecto macizo, con el perfil dorsal convexo. La caja craneana es bastante cuadrada; el rostro, largo; los nasales, muy estrechos en la parte posterior; los arcos cigomáticos amplios y las bullas timpánicas bien desarrolladas. Los molares son de superficie cóncava, debido a la elevación de los tubérculos laterales, y presentan grandes crestas transversales. La fórmula dentaria es: 1.0.1.3/1.0.1.3. Se trata del único roedor español cuya mandíbula presenta un orificio natural en la apófisis angular, lo que permite su fácil identificación en los análisis de egagrópilas, excrementos de carnívoros o contenidos estomacales.

Rastros:

Aunque de diseño inconfundible, sus hábitos trepadores y su coloración rojiza le dan un cierto parecido con las ardillas. Muy arborícola, se mueve fácilmente entre las copas de los árboles, saltando y trepando entre las ramas, matorrales o zarzas, donde construyen nidos esféricos con hojas y ramitas. En la época reproductora es fácil escuchar sus agudos gritos durante la noche en el campo. También es fácil verle a la luz de los faros del coche cruzar las veredas y caminos corriendo, con su llamativa cola levantada a modo de señal.

En las huellas marca los cinco dedos de sus patas posteriores y, menos nítidamente, los cuatro de las anteriores. Sus excrementos son alargados y de color negro, fácilmente confundibles con los de la rata.

Alimentación

La alimentación es muy variada pero predominan los elementos de origen animal, como insectos, artrópodos en general y pequeños vertebrados, como otros roedores, musarañas, anfibios, etc. Los alimentos de origen vegetal son también variados, con frutos (de sabina, zarzamora, pinos y castaños, entre otros), semillas , etc. También consume huevos, cera y miel.

El lirón puede considerarse uno de los roedores ibéricos mejor dotados para la depredación y ataca con frecuencia a otros micromamíferos, reptiles, pollos e incluso aves adultas de tamaño pequeño-mediano. Se ha observado también depredación sobre murciélagos y sobre miembros de su misma especie.

Comportamiento

Construye nidos en oquedades entre las piedras, en cajas anidareras y entre el follaje sobre el nivel del suelo, o bien acondiciona nidos de urraca u otras aves. Los nidos de invierno son grandes, están construidos en lugares bien protegidos y albergan a varios individuos de diferentes sexos y edades. Durante el resto del año, los lirones contruyen nidos más pequeños y normalmente individuales para el reposo diario, y otros para el período de cría. Los adultos presentan áreas de campeo relativamente estable y de unos 2500 metros cuadrados. No parece existir territorialidad permanente, y las áreas de campeo de varios individuos se solapan ampliamente. Sin embargo, aparece cierta territorialidad entre machos adultos durante el celo y entre las hembras durante la lactancia; estas últimas reservan áreas exclusivas donde no penetran los machos ni otras hembras adultas. Son capaces de realizar grandes desplazamientos, pero la distancia media diaria es de unos 50 m, que suelen quedar limitados a las cercanías del nido.

Son exclusivamente nocturnos. Inician su actividad al atardecer y la finalizan al amanecer. Junto al lirón gris y la marmota, el lirón careto es el único roedor ibérico que presenta letargo invernal. El frío y/o la falta de alimento condicionan la entrada en hibernación. En este estado existe un reposo casi total del sistema endocrino y el tiroides cesa completamente su actividad, lo mismo que el tejido intersticial de los testículos. Durante el sueño, que puede durar hasta seis meses, la tasa metabólica desciende enormemente, la respiración se ralentiza y la temperatura corporal baja. La energía que estos animales consumen durante la hibernación la toman fundamentalmente de la grasa subcutánea que han acumulado en otoño, antes de su entrada en el letargo invernal. En esta época, el peso individual puede doblar el que presentan después de la hibernación, pero este aumento depende de la duración del sueño. La duración del período de hibernación depende de las condiciones climáticas. En León, el sueño invernal se prolonga desde septiembre hasta mayo; en El Pardo (Madrid), desde noviembre-diciembre hasta marzo, y en Doñana (Huelva), la hibernación sólo se produce en los días más fríos de finales de diciembre y principios de enero, mientras que en años cálidos los lirones no hibernan en absoluto.

Después del sueño de invierno la actividad comienza de una forma explosiva. Los primeros en despertar son los jóvenes, seguidos de las hembras; por último, despiertan los machos. Ver despertar a un lirón es sumamente curioso: bostezan y se desperezan con gestos casi humanos, su temperatura se eleva lentamente, abren los ojos y, muy despacio, comienzan a recuperar reflejos, sensibilidad y movimientos que habían perdido durante el sueño.

En las zonas cálidas del sur también presentan sueño de verano. Durante esta estivación (que dura desde finales de julio a finales de agosto) manifiestan síntomas similares a los de la hibernación pero menos acusados. Por ejemplo, el tiroides presenta una actividad media, y la espermatogénesis se conserva. De hecho, el sueño no es tan profundo como en invierno, y los individuos pueden despertar si se les manipula.

Se ha definido una "zona de comfort" dentro de la cual la actividad es máxima. Esta zona estaría caracterizada por una humedad próxima al 88 % y una temperatura de 14-15 °C.

El lirón careto es un animal relativamente abundante, sobre todo en los hábitats que le son propicios. En ambientes favorables de Doñana (Huelva) se han encontrado densidades de 20-25 individuos/ha durante los máximos poblacionales, y de unos 10 ejemplares/ha durante los mínimos. No obstante, cabe decir que tales cifras no corresponden a las de la población estable, que se calcula en unos 10-15 animales por hectárea. Su ciclo anual de abundancia se encuentra en estrecha relación con las épocas de letargo. En los ambientes mediterráneos se observan dos aumentos poblacionales, en primavera y otoño, y dos disminuciones, en invierno y verano. En lugares más fríos, el ciclo de abundancia se encuentra restringido a finales de primavera y verano, con máximos en los meses de julio y agosto. Los incrementos poblacionales están causados sobre todo por el reclutamiento de jóvenes y también por la inmigración de subadultos procedentes de zonas próximas. Los descensos están enmascarados por el sueño invernal o el estival, aunque la mortalidad durante este período es muy importante.

La estructura de la población es variable a lo largo del año. En Doñana, por ejemplo, las poblaciones de lirones caretos muestran un número estable de individuos residentes, que constituyen el 30-40 % de los efectivos, y un número variable de transeúntes, mayor en primavera y verano. Los jóvenes constituyen un porcentaje muy elevado de la población en los períodos postreproductivos. La productividad de los lirones es mayor en climas cálidos mediterráneos que en otras zonas europeas, ya que la brevedad y suavidad del invierno hacen posible invertir en la reproducción energía y tiempo que en otras zonas deben dedicar a la acumulación de reservas grasas y al sueño invernal.

En el Mediterráneo, la longevidad puede alcanzar los cinco años, aunque en la naturaleza raramente llegan a los tres. Los lirones caretos no son presa frecuentemente de otras especies, ni siquiera de carnívoros o rapaces. Entre las rapaces, sólo el ratonero (Buteo buteo) presenta porcentajes relativamente altos de lirones caretos en su dieta (11%). Otras especies, como el cárabo, la lechuza o el mochuelo, lo consumen en proporciones inferiores al 4% sobre el total de presas de su dieta.

Esta especie presenta autoctomía caudal, es decir, la piel de la cola se desprende con facilidad como una funda, el resto se seca y es roído por el propio animal, por lo que es frecuente encontrar lirones con la cola cortada. El lirón careto compite por el espacio con las dos especies de ratas. Cuando coinciden -cosa que ocurre con frecuencia-, el lirón ocupa los ambientes más secos y elevados, mientras que Rattus permanece en los más húmedos.

Reproducción

Los lirones viven en pequeñas colonias que se desarrollan a partir de grupos familiares. Las relaciones interindividuales presentan variaciones estacionales. Se han observado comportamientos agonísticos (ofensivos y defensivos) entre machos durante el período de celo, que posteriormente desaparecen. Las relaciones entre hembras carecen de agresividad, excepto durante el período de cría, cuando éstas defienden un territorio alrededor del nido y presentan un comportamiento intolerante.

El período reproductor anual se prolonga desde el despertar primaveral hasta unos dos meses antes de la hibernación. La extensión de este período, lo mismo que la de la etapa de sueño, varía según las condiciones del medio. En el sur de España, por ejemplo, se prolonga desde febrero a octubre, con un tiempo de semirreposo en el verano. En latitudes septentrionales, la reproducción ocurre desde mayo hasta julio. En los lugares de estación reproductiva prolongada, cada hembra suele reproducirse dos veces a lo largo del ciclo anual, y en casos excepcionales, tres; por el contrario, en climas fríos la pauta general es un parto por hembra y año. Las cifras sobre tamaño medio de camada obtenidas en diferentes estudios han sido de 5,54 embriones/hembra en Doñana (Huelva); 4,91 en El Pardo; 5,0 en Menorca, 4,9 en la cordillera Cantábrica, y 5,1 en León. Suele ser menor en hembras jóvenes y en partos otoñales.

Las madres amamantan a sus hijos hasta los 40-45 días. Los jóvenes permanecen en el lugar de nacimiento hasta que alcanzan la madurez sexual, aproximadamente a los cinco meses en el sur de España; en este momento se produce la dispersión juvenil, sobre todo en el caso de los machos.

Fuente de las fotos: Wikipedia
Mapa de distribución: http://maps.iucnredlist.org/map.html?id=7618
Redacción: Elsa Gara Maqueda
Revisión: Ismael Ferreira Palomo

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